Muchacha en una ventana (Salvador Dalí 1925)

martes, 6 de noviembre de 2012

DIVERSIONES DE ALTO RIESGO



La tragedia vivida durante la celebración de la fiesta de Halloween en el recinto Madrid Arena, en la capital de España, en la noche del pasado 31 de octubre, en la que perdieron la vida 4 jóvenes muchachas y una más resultó herida de extrema gravedad, lo que sumadas a otras, como el caso de la discoteca Factory de Quito, durante un concierto de rock celebrado el 19 de abril de 2008, en la que hubo 17 fallecidos; el de una discoteca en la localidad rusa de Perm, el 5 de diciembre de 2009, con un balance de 109 muertos y más de 130 heridos, o el acontecido durante el festival de música electrónica Love Parade, celebrado el 24 de julio de 2010 en Duisburgo, Alemania, con resultado de 21 muertos y más de 500 heridos, por mencionar solo algunos de los sucesos recientes más relevantes, viene a poner en tela de juicio toda la normativa existente en materia de seguridad para garantizar la integridad física de los asistentes a estas macro concentraciones de personas, o, cuanto menos, el rigor en la exigencia y vigilancia de su aplicación, y exige, de una vez por todas, una respuesta social auténticamente eficaz y definitiva. 
Discoteca Alcalá 20 - Madrid
El incendio acaecido en la madrugada del 17 de diciembre de 1983, en la discoteca Alcalá 20 de Madrid, en el que perecieron 82 personas atrapadas en las deficientes vías de evacuación, causó una auténtica conmoción nacional que llevó a la necesidad de replantear todos los aspectos de seguridad relativos a los locales de pública concurrencia; pero, al día de hoy, a pesar de los muchos años transcurridos, los cambios legislativos, y una mayor disponibilidad de medios, los avances en esta materia, a juzgar por los resultados, no han sido suficientes. La superación del aforo permitido en estos establecimientos, la falta de control en los accesos a las instalaciones y en su interior, los defectos y carencias en las infraestructuras, junto con algunas imprudencias temerarias cometidas, la mayoría de las veces provocadas por estados de euforia derivados de la excesiva ingesta de alcohol, e incluso estupefacientes, suelen estar en el origen de estas tragedias. Evitar que hechos similares puedan volver a repetirse no es solo una necesidad, es, ante todo, una obligación; una labor en la que deben estar implicados todos los estamentos de la sociedad, sin excepciones. Si todos tenemos alguna parte de la culpa, entre todos tenemos que buscar la solución; por supuesto, cada uno en su medida.

Sin separarse del móvil
Situaciones extremas, como las anteriormente mencionadas, en las que la tragedia golpea de forma llamativa a muchas familias, y son portada en todos los medios de comunicación, ponen un plus en la tensión que se vive en el seno de los hogares cuando alguno de sus miembros acude a cualquiera de estos eventos, y acrecienta la particular y sistemática angustia que todos los padres sufren los fines de semana cuando ven partir a sus hijos para pasar la noche fuera de casa, con la incertidumbre de no saber con certeza hacia donde se dirigen ni la suerte que pueden correr durante su ausencia, mientras se mantienen de vigilia atentos al móvil; inquietud que solo encuentra el alivio cuando se escucha la llave en la cerradura de la puerta, aunque ello solo represente el inicio de otros 6 días de sosiego.


La problemática con la que se encuentran los padres para intentar evitar la exposición de sus hijos a todos los riesgos que representa su asistencia, hasta altas horas de la madrugada, a salas de fiesta,  botellones, etcétera, donde uno de los fines primordiales es el consumo de alcohol, cuando no se mezcla también la droga, es la de carecer de argumentos suficientes para convencer a los jóvenes, sobre todo cuando estos  vienen cumpliendo satisfactoriamente con sus deberes, de que abandonen una práctica que ellos consideran como normal y forma parte elemental de sus relaciones sociales. Este complejo y engorroso asunto, una vez que ha alcanzado las dimensiones actuales, no será nada fácil de erradicar, y la solución, sin duda, tendrá que pasar por generar un cambio en el modelo de ocio de la juventud. La cuestión es si estamos realmente convencidos de su necesidad y, sobre todo, dispuestos a poner todos los medios para conseguirlo.


C. Díaz Fdez.
Oviedo noviembre de 2012


AMUSEMENTS OF HIGH RISK



Halloween party (Madrid Arena 2012)
Love Parade (Duisburg 2010 - Germany)
   The tragedy that occurred during the celebration of the Halloween party at the Madrid Arena enclosure, in the capital of Spain, on the night of October 31, in which died four young girls and another have outcome wounded  extremely serious, and  that, attached with others happenings, such as the case of Factory nightclub, of Quito, during a rock concert celebrated on April 19, 2008, in which there were 17 deaths; that of a nightclub in the Russian town of Perm, on December 5, 2009, with a balance of 109 dead and over 130 injured, or the produced during the electronic music festival Love Parade, held on July 24, 2010 in Duisburg, Germany, resulting in 21 dead and over 500 injured, to mention only some of the most relevant recent events, have come for to put into question all existing regulations on security to ensure the physical safety of those attendees to these massive  concentrations of people, or, at least, the strictness and  demands in monitoring its implementation, and requires, of once and for all, of a response of society truly and definitive. 

Disco Alcala 20 - Madrid
   The fire that occurred on the morning of December 17, 1983, at the disco Alcala 20 Madrid, which killed 82 people trapped in the  deficients escape routes, caused a national commotion that led to the need to rethink all aspects of security relating to public places, but, to date, despite the many years, legislative changes, and greater availability of resources, progress in this area, judging by the results, have not been sufficient. Overcoming of permitted capacity in these establishments, lack of control to the access and control in their own facilities, defects and deficiencies in the infrastructure, along with some unwise actions committed, very often caused by euphoric states derived from excessive intake of alcohol, even drugs, are frequently at the origin of these tragedies. Prevent that similar events happen again is not just a necessity, it is, above all, an obligation, a task in which they should be involved all levels of society, without exception. If we all have some part of the blame, we all have to find the solution; of course, each one to the extent that corresponds.

The endless wait
   Extreme situations, such as those mentioned above, where tragedy strikes many family, and are  propagate in all media, increases the tension that exists within households when one of its members goes to any of these events, and feeds the particular anxiety that all parents have the weekends when their children come out to spend the night away from home, with the uncertainty of not knowing for sure where they go or how lucky can run in his absence, while keeping vigil with the mobile phone to the view; concern that only is relieved when is heard the key in the lock of the door, although it represents only the beginning of other six days of quietude.

Youth people given to drinking
   The problem than parents are finding when they try to avoid exposing their children to all the risks which represents their attendance, late into the morning, at night clubs, meetings of bottles, etc., where one of the primary purposes is the alcohol consumption, even also the drug mixture, is the lack of sufficient arguments to convince young people, especially when they are fulfilling their duties satisfactorily, to abandon a practice that they are considering normal and one part elemental of their social relationships. This complex and cumbersome affair, once it has reached the present size, will not be easy to eradicate, and the solution will undoubtedly have to go through about a radical change in the model of youth entertainment. The question is whether we are really convinced of its necessity and, above all, willing to use all means to get it.

C. Diaz Fdez
Oviedo November 2012